Vuelve... de nuevo vuelve.
Sigo caminando por mi desierto particular, luchando por sobrevivir en este entorno de soledad impuesta para el que no he nacido. Es un desierto seco, esteril y yermo con apenas rastros de humedad esparcidos aquí y allá que me ayudan a sobrevivir a duras penas. Pequeñas y maravillosas lagunas de calma y sosiego, de alegrías cómplices, de ratos compartidos, de risas no fingidas y dichas verdaderas. Pocas pero de agua limpia y pura que siempre se dónde encontrar cuando me hacen falta. Lagunas que a veces, quizá por debilidad, quizá por arte de crueles espejismos caprichosos, se transforman y crecen convirtiendose en auténticos y maravillosos oasis ante mis ojos cargados de añoranza.
Y de nuevo vuelve...
La veo ante mi de nuevo transformandose poco a poco en un oasis lleno de vida en mitad de mi desierto, rebosante de agua pura y cristalina que canta con mil tonalidades su alegre frescura. En sus orillas, enormes árboles de sedosas y frondosas hojas se mecen al son del viento esparciendo su aroma de primavera eterna.
De nuevo vuelve...
Desde la abrasadora arena castigado por un sol implacable la contemplo de nuevo extasiado como tantas y tantas veces, maravillado una vez mas por la belleza del entorno memorizado al detalle hace ya tiempos inmemoriales.
Me acerco una vez más poco a poco, desde tan cerca y al mismo tiempo tan lejos, buscando desesperadamente una pista, un detalle, un camino que me permita llegar por fín al destino tantas veces soñado, pero por mas que lo intento no soy capaz de encontrarlo. Quizá mis ojos castigados por mi necesidad de ver han perdido la capacidad de distinguir la luz...Quizá para mí ni tan siquiera existe ese camino..
De nuevo vuelve...
Y de nuevo me pregunto sin saber qué hacer, si esta vez será de verdad un oasis, o tan solo otro espejismo mas que volverá a desaparecer junto con mis ilusiones, del que únicamente quedará un recuerdo impreso sólo en mi memoria.
Derrotado vuelvo mis ojos al desierto intentando sin éxito dar la espalda al paraiso. Me alejo lentamente luchando en cada paso con la desesperación del ciego de nacimiento al que por un instante se le concede el don de la visión para acto seguido serle arrebatado de nuevo.
Tras los primeros pasos, sacudo la cabeza obligandome a despertar de un sueño que no me pertenece, levanto la vista al sol que me abrasa y le hago bromas con la ceja levantada, pidiéndole algo más de fuerza ¡¡que a este paso nunca me pondré moreno!!. Vuelvo una vez más la vista hacia atrás despidiendome en silencio esta vez, agradeciendo de todo corazón el haber vivido ese momento. Me doy cuenta de que el jardín no es responsable de su propia belleza ni de los efectos que puede causar a quien lo contempla, ni éste es libre de elegir si le conmueve o no la belleza del jardín. Simplemente ocurre y no siempre es un cuento con final feliz. Solo pido que jamás se marchite y que siempre brille el sol en su cielo. Con una sonrisa agridulce sigo resignado mi camino bromeando y preparándome para la próxima batalla, pues se que tarde o temprano volverá a brillar ante mí, como tantas veces, mi paraiso imaginado..
Y de nuevo vuelve...
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